Significa hacer entrar en nuestro Ser un hermoso objeto viviente, extraño, nutrido y favorecido como nosotros por la tierra; significa consumar un sacrificio en el cual optamos por nosotros frente a las cosas. Jamás mordí la miga de pan de los cuarteles sin maravillarme de que ese amasijo pesado y grosero pudiera transformarse en sangre, en calor, acaso en valentía. ¡Ah! ¿Por qué mi espíritu, aun en sus mejores días, sólo posee una parte, de los poderes asimiladores de un cuerpo? Marguerite Yourcenar (Memorias de Adriano)
Comer sólo lo que es estrictamente necesario. Degustar con plenitud y reflexión lo que se come; lo contrario sería muestra de ingratitud. Preparar las comidas aplicando cuidados exquisitos y avaros. Desdeñar toda preparación que no sea de una sencillez en cantadora. Beber un poco de vino a la noche como una medicina deliciosa. La cerveza, alimento líquido. La sidra, esencia del huerto. El té, caricia de Buda. Medicina ligera, apoyo casi espiritual. El café, auxiliar ya demasiado potente. Un poco a la mañana y en el día a grandes intervalos en caso de fatiga.
Comer sólo lo que es estrictamente necesario. Degustar con plenitud y reflexión lo que se come; lo contrario sería muestra de ingratitud. Preparar las comidas aplicando cuidados exquisitos y avaros. Desdeñar toda preparación que no sea de una sencillez en cantadora. Beber un poco de vino a la noche como una medicina deliciosa. La cerveza, alimento líquido. La sidra, esencia del huerto. El té, caricia de Buda. Medicina ligera, apoyo casi espiritual. El café, auxiliar ya demasiado potente. Un poco a la mañana y en el día a grandes intervalos en caso de fatiga.
Como el vino y el agua. El primero “nos inicia en los misterios
volcánicos del suelo, en las ocultas riquezas minerales; una copa de
Samos bebida a mediodía a pleno sol, o bien absorbida una noche de
invierno, en un estado de fatiga (…) es una sensación casi sagrada, a
veces demasiado intensa para una cabeza humana; no he vuelto a
encontrarla al salir de las bodegas numeradas de Roma, y la pedantería
de los grandes catadores de vinos me impacienta” En cuanto al agua, “más piadosamente aún el agua bebida en el hueco de
la mano, o de la misma fuente, hace fluir en nosotros la sal secreta de
la tierra y la lluvia del cielo. Pero aun el agua es una delicia que un
enfermo como yo solo debe gustar con sobriedad.
No importa; en la agonía mezclada con la amargura de las últimas
pociones, me esforzaré por saborear su fresca insipidez sobre mis
labios”
Marguerite Yourcenar (Memorias de Adriano)
Marguerite Yourcenar (Memorias de Adriano)

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