Victor Hugo había dicho que en París bastaba "respirar para conservar viva el alma", pero bien sabía él que incluso en París, o tal vez allí más que en ninguna otra parte, las musas gustan también de manjares menos etéreos. Porque de París, como los niños, nos vino el restaurante, el chef y la crítica gastronómica. Fue allí donde la cocina aprendió a expresarse en clave literaria y la literatura a disfrutar de la elocuencia culinaria, cruzando sus destinos en una auténtica sopa de letras.



sábado, 16 de enero de 2010

Ah! si las especies cantaran que canciones cantarían



Quien alguna vez se sienta fabulosamente agredido por el ají, perfumado por la canela o acariciado por la vainilla no concebira su vida sin las especias, esos productos vegetales que enriquecen el sabor y el aroma de los alimentos, y los liberan de la monotonia.
Conozco su origen y el significado de sus colores y sus aromas. Puedo llamar a cada una por su verdadero nombre, el que recibieron al principio, cuando la tierra se agrietó como piel y lo ofrendó al cielo. Su ardor fluye en mi sangre. Todas obedecen mis órdenes, del amchur al azafrán. Me basta con un susurro para que revelen sus propiedades ocultas, sus virtudes mágicas.

Sí, todas poseen magia, incluso las especias corrientes que echamos sin pensar en los guisos diarios.
¿Lo dudan? ¡Vaya! Han olvidado los secretos antiguos que conocían las madres de nuestras madres. Les recordaré uno: si se frotan las muñecas con semillas de vainilla previamente reblandecidas en leche de cabra, éstas los protegerán contra el mal de ojo. Y otro: una medida de pimienta, dispuesta en forma de media luna a los pies de la cama, ahuyenta las pesadillas.

Pero las especias que tienen más poder son las de mi tierra natal, país de poesía vehemente y plumas de color aguamarina. De cielos crepusculares tan brillantes como la sangre.

Son las que utilizo.

Chitra Divakaruni, La señora de las especias.


No hay comentarios:

Publicar un comentario