donde nos hemos reunido tú y yo tantas veces. En el patio bajo el árbol de mango, pedí una cerveza; observé el entorno y sentí la camisa sudada. No tenía memoria de haber sentido antes tanto calor en Medellín. “Parece que viviéramos en la costa”, repetía todo el mundo por esos días. Sí, bajo ese árbol, tuve la sensación de estar en tierra caliente, en una finca de Montería o Mariquita. Aspiré y sentí un aroma que me evocó la atmósfera pegajosa y sensual de esas regiones. El piso de piedra estaba cubierto de flores de mango, y sorprendido entendí que el olor de la tierra caliente es el de las flores del mango fermentadas por las lluvias y luego sometidas por muchos días a la intensa solera.
Paloma Pérez S. (Fragmento de Agustín)