Victor Hugo había dicho que en París bastaba "respirar para conservar viva el alma", pero bien sabía él que incluso en París, o tal vez allí más que en ninguna otra parte, las musas gustan también de manjares menos etéreos. Porque de París, como los niños, nos vino el restaurante, el chef y la crítica gastronómica. Fue allí donde la cocina aprendió a expresarse en clave literaria y la literatura a disfrutar de la elocuencia culinaria, cruzando sus destinos en una auténtica sopa de letras.



lunes, 19 de agosto de 2013

¿ De que comida se se acuerda uno?
De las que fueron un deleite para el paladar o para el alma .
No suelen coincidir.
¿ acaso las más exquisitas no fueron aquellas que se improvisaron? Treinta años mas tarde, uno recuerda unos huevos fritos-demasiado hechos, sin duda-pero ¡la mano que sostenia la sarten era tan hermosa!
(Sacha Guitry,¡A la mesa!)


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