Uno de estos era Honoré de Balzac, el dramaturgo francés a quien le debemos la recopilación de historias cortas titulada La Comédie humaine. Se dice que Balzac consumía entre 40 y 50 tazas de café al día. Aquí sus palabras describiendo el efecto que el café tenía en su estómago vacío (a veces llegaba a consumirlo simplemente masticando los granos tostados):
“… todo se vuelve agitado. Las ideas se ponen rápidamente en marcha como batallones de una gran armada en su legendario campo de batalla y la batalla explota. Las memorias se tiran a la carga, con brillantes banderas en alto; la caballería de la metáfora se despliega en un galope magnifico; la artillería de la lógica se precipita hacia arriba, con estrepitosos vagones y cartuchos; por órdenes de la imaginación, francotiradores apuntan y disparan; formas, figuras y personajes traen la retaguardia, el papel se mancha de tinta – y comienza y termina la labor nocturna con torrentes de esta agua negra, mientras la batalla se abre y concluye con polvo negro.”De manera menos magistral, pero no por eso menos reveladora de su afición a la cafeína, otros escritores también ensalzaron la bebida de orígenes etíopes:
He medido mi vida en cucharadas de café. – T. S. Elliot
La taza de café de la mañana contiene una exhilaración que no puede esperarse que la felicidad del té de la tarde reproduzca – Oliver Wendell Holmes Sr.En su libro Daily Rituals, Mason Currey se dedicó a recopilar la rutina de varias figuras históricas y encontró, para sorpresa de nadie, que el café es la intersección en los hábitos mañaneros de figuras con muchos siglos de distancia entre ellos, desde Proust y Glenn Gould hasta Francis Bacon, Jean-Paul Sartre y Gustav Mahler. También la incomparable Gertrude Stein tenía una opinión sobre el café:
“El café es bueno al tomarlo. Nos da tiempo para pensar. Es mucho más que solo una bebida; es algo pasando. No como una tendencia sino como un acontecimiento; un lugar donde estar, pero no como una ubicación, sino como algo dentro de nosotros. Nos da tiempo, pero no horas ni minutos reales, sino una oportunidad para que seamos quienes somos, y podamos tomarnos una segunda taza.”Y personalmente, creo que son las palabras de Gertrude las que más resuenan con mi experiencia personal con el café: ese lugar donde estar es lo que en mi opinión, hace que las tazas tengan oreja. No para sostenerlas, sino como asidero- para sujetarnos de algo y por un segundo, simplemente estar colgados, en ese lugar que menciona Gertrude y que no es una ubicación geográfica. Por eso y con toda honestidad, un día pregunté ¿cómo vive la gente que no toma café? diciendo:
La pregunta viene de un lugar honesto, mero producto de la curiosidad y no de la arrogancia. Es para ustedes, la gente que es capaz de contestar “no, gracias. No tomo café” cuando alguien les ofrece semejante regalo en formato de taza.Publicado el 28 de agosto, 2014 | Cultura, Literatura
Y pregunto cómo viven, porque así simplifico todas las preguntas que en realidad quiero hacerles: ¿qué olores llenan sus cocinas en las mañanas cuando para empezar otro día les toca inventarse las ganas? ¿cómo acompañan sus esperas? ¿A qué asidero, sino al de la oreja de una taza de café, se aferran para combatir la soledad desde estaciones de tren, salas de espera en el doctor, edificios de oficinas? ¿Cómo hacen más breves los velorios o alargan pláticas interesantes?
¿Qué excusa usan para conocer mejor a una persona? ¿Cómo se enfrentan a una página en blanco a las 3:00 am? ¿Cómo llenan el espacio entre una comida espectacular y la cuenta? ¿Cómo digieren los periódicos, noticias, o sus tostadas en el desayuno? ¿Qué derraman sobre sus libros favoritos, esos que han leído mil veces y cuyas páginas lo evidencian?
Y no hablo de café gourmet, del que sólo del método de preparación ya se pueden contar historias y cuyos granos se sembraron en lejanas y mágicas latitudes, sino de cualquier café, pues el mal café también tiene valor intrínseco: ¿de qué se quejarían sino los oficinistas o las víctimas de aguados y amargos brebajes en las cafeterías universitarias?
Si su respuesta es, simplemente té, entonces tengo que volver a preguntar.
http://wondrus.la/arte/literatura/breves-historias-de-amor-con-el-cafe

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