Victor Hugo había dicho que en París bastaba "respirar para conservar viva el alma", pero bien sabía él que incluso en París, o tal vez allí más que en ninguna otra parte, las musas gustan también de manjares menos etéreos. Porque de París, como los niños, nos vino el restaurante, el chef y la crítica gastronómica. Fue allí donde la cocina aprendió a expresarse en clave literaria y la literatura a disfrutar de la elocuencia culinaria, cruzando sus destinos en una auténtica sopa de letras.



lunes, 11 de enero de 2016

ASIENTO DE COCINA







Esta es la historia…
Vino de otra parte como algo que sobraba.
Llegó a la casa, se quedó en la cocina.
Ha estado ahí impávido ante el tiempo.
Capas de pintura lo han vestido de verde, azul, rosado.
Fue arrastrado por seres de pasos inseguros que veían en él un apoyo.
Dedos inquietos jugueteaban en los cinco huecos que tenía de adorno.
La abuela encontró descanso en él mientras hervía el agua.
Papá encontró descanso en él después de caminar.
Mamá encontró descanso en él para sus dolores y colocarse los zapatos.
Ha sido testigo de noticias tristes, felices, graciosas.
Nos ha acompañado en nuestras tertulias cuando nos reunimos.
Vino de otra parte como algo que sobraba
Llegó a la casa, se quedó en la cocina.



Luz Marina Natalia Cediel León

Cocinar según el libro

Cuando me fui por primera vez de casa a los veinte años, y comencé así una existencia básicamente nómada, mi abuela me dio un tarro pequeño con un paquete de sal y un trozo de pan. Según me contó, había un antiguo cuento popular judío que trataba de un viajero al que un ángel le hace un regalo semejante, para que nunca tuviera hambre; y para que a mí no me faltase jamás la comida, ella quería que yo cargase con el tarro dondequiera que me llevara la suerte. Tras innumerables casas en más países de los que soy capaz de recordar, el tarro está ahora en una repisa alta de la que espero que sea mi última cocina. Está ahí para recordarme que la literatura no es solamente alimento del alma.

La comida realza la realidad de la ficción. Yo siempre busco el momento en que un personaje tiene que pararse a comer porque, para mí, la simple mención de la comida humaniza una historia. Me conmueve el “pollo que no estaba cómodo asándose” que Huck y Jim se comen cuando escapan en la balsa; los frutos secos, raíces y bayas que el monstruo de Frankenstein coloca en el fuego para el desayuno, para descubrir “que las bayas se estropeaban con la operación y las raíces y frutos secos mejoraban mucho”; el “pan, arroz, tres quesos holandeses, cinco piezas de carne seca de cabra... y un pequeño recordatorio del maíz europeo” que Robinson Crusoe rescata del naufragio; la sopa de pescado “hecha de almejas pequeñas y jugosas, apenas más grandes que avellanas, mezcladas con galletas de barco machacadas y ¡cerdo salado cortado en pequeños copos! todo ello enriquecido con mantequilla y abundantemente sazonado con sal y pimienta” que la posadera sirve a Ismael y Queequeg antes de su partida en busca de la Ballena Blanca. Me convence absolutamente la aflicción de Ulises y sus compañeros porque, a pesar de estar de duelo por sus amigos, a los que el cíclope había masacrado, se toman un momento para comer y beber, llenándose de “carne de carnero en increíble abundancia y vino dulce”.
Por Alberto Manguel

Una buena sopa

Respira serenidad, ofrece consuelo después de un día fatigoso y promueve la sociabilidad... No hay nada como un plato de sopa caliente, con su penacho de vapor aromático acariciando las ventanas de la nariz hasta llevarlas a una estremecida expectativa". O como dice el proverbio judío "las preocupaciones bajan mejor con sopa que sin sopa"

Algunos ortodoxos insisten que las sopas casan raro con los vinos. Error. Nada mejor que un consomé con Jerez, un Viognier para una liviana sopa de verduras con mucho jengibre que hacen los peruanos en el invierno neblinoso. O un Sangiovese para un minestrone al pesto... A cada sopa su vino.

Como ese chorrito de champán que se impone añadir a una crema de zanahorias y que se acompaña, lógicamente con champán, version soph del chorrito de tinto que los nonos inmigrantes añadían a la sopa cotidiana.
La Calle de la Buena Mesa No sólo en Medellín sino en el mundo entero, se está dando lo que al decir de los especialistas, podría denominarse como un boom gastronómico el cual no solamente atañe al hecho culinario propiamente dicho, sino también a una serie de actividades culturales que lo rodean, como las tertulias, la música, las exposiciones y los festivales en los que la comida es el centro de atención. La causa de este furor por la buena mesa parece obedecer a la globalización, pues propicia el que las diferentes culturas de los respectivos países rompan las barreras de su nacionalidad y por lo tanto, las ofertas culinarias sean ahora variadas con menús provenientes de todos los continentes. Tal simbiosis en la cultura gastronómica ha dado lugar a la profesionalización en el área porque sus especialistas se ven cada vez más exigidos de conocimientos, versatilidad y, por supuesto, de mayor creatividad. En honor al feliz estallido, en esta ocasión, tres de éstos personajes, Paloma Pérez y María Vélez, dueñas del Café Manila y Elkin Escobar, nos hablan acerca del tema y nos cuentas de sus especialidades. Todos ellos son conocedores de la cocina y de la buena mesa y están dedicados hoy en Medellín a renovar la cara gourmet de la ciudad rodeándola de encanto y novedad. 1. ¿En qué forma se manifiesta el boom gastronómico en la ciudad de Medellín? No solamente en Medellín se ha despertado un nuevo interés por la cocina, creemos que es un fenómeno mundial. Una buena indicadora es la televisión por cable, donde se ven muchas clases de cocina de todo tipo, y donde se ve tanto a los grandes chefs como a cocineros no convencionales preparando comidas riquísimas. En Medellín hemos visto, además de nuevos restaurantes, nuevas escuelas de cocina, y sobre todo a muchos hombres interesados en aprender a cocinar. Hay otro fenómeno que a lo mejor tiene que ver: el hecho de que ya no podamos viajar por las carreteras, nos ha hecho permanecer en las casas y tal vez se ha aprovechado la oportunidad para aprender a comer bien en la propia casa. 2. ¿Cuál es la razón por la cual la Calle de la Buena Mesa en el barrio Manila se ha ido convirtiendo en un sector aglutinante de la cultura gastronómica de la ciudad? En esta calle están localizados varios restaurantes tradicionales de la ciudad. Lo primero fue la idea de conocernos y asociarnos, después, de hacer actividades comunes. Nos reunimos hace dos años cuando aun no había muerto Alvaro Vasco, el dueño de Piemonte. Empezamos a pensar en la idea de hacer un domingo del mes una especie de mercado de las pulgas y ofrecer en los restaurantes un desayuno y el espacio para leer la prensa, además de recuperar en la calle algunos juegos infantiles tradicionales. Seguimos trabajando juntos para tratar de hacer conocer el sector con ese atractivo y han ido surgiendo propuestas que han dado como resultado algunas fiestas que han tenido muy buena acogida por parte de los clientes y del público que nos ha visitado. 3. ¿En qué sentido la gastronomía es un arte? En la gastronomía hace de una necesidad vital, un arte. En ella hay elaboración, creación y técnicas que permiten desarrollar lo que sería la obra. En el arte existe un diálogo entre la obra y el espectador, que puede sentirse a través de los sentidos con el estímulo de los colores y las formas. En la gastronomía en ese goce estético se involucran el olfato, el tacto y el gusto y llega a tener una relación mucho más íntima, ya que la obra se ingiere. 4. ¿Por qué ha surgido últimamente esa necesidad de informarse acerca de la buena mesa y de los usos y costumbres que la rodean? Tal vez por la globalización hemos entendido en esta ciudad de tan pobre cultura gastronómica que la buena mesa es parte del disfrute de la vida y se ha empezado a pensar la comida de una manera diferente. 5. ¿Comer bien es cuestión de buen gusto o de dinero? Todo lo que tiene que ver con la cocina es parte fundamental de la cultura. Con los mismos ingredientes que se prepara una comida buena se prepara una mala, igual pasa con los restaurantes, algunos tienen precios muy elevados y eso no garantiza unos buenos platos. 6. ¿Algunos restaurantes tienen su marca distintiva. ¿Cómo se logra esto? Con gusto, imaginación, estudio, investigación y vocación de servicio. 7. ¿El hecho de que la cocina esté a la vista del cliente es un fenómeno nuevo en los restaurantes o es más bien la recuperación de una tradición? No sabemos que intención tengan otros restaurantes al tener su cocina a la vista. En nuestro caso, tiene varios sentidos: que la cocina sea protagonista, que los cocineros conozcan a los clientes y sus gustos, que nuestros clientes sepan quienes cocinan, pues eso les da seguridad y a veces se entretienen observando al chef haciendo candeladas. La cocina de Café Manila tiene también una barra de acero que se convierte en salón de clases y lugar de tertulia. 8. ¿Existen en Colombia institutos educativos para formar chefs equivalentes al Cordón Blue europeo? Existe una escuela para la formación de cocineros particulares en el Sena, pero no podría decirse que tiene el carácter de las grandes escuelas de cocina en Europa, pues aquí la industria turística y hotelera está muy poco desarrollada, pero se ha ido logrando mucho en este campo. En este momento hay mucha demanda de profesionales de cocina y muy poca oferta. Tampoco hay mucho estímulo económico para quienes se dedican profesionalmente a estos menesteres. 9. ¿En qué se diferencia un buen chef de los famosos cocineros y cocineras tradicionales? La cocina tiene bases y técnicas como cualquier arte, la diferencia es que un profesional las maneja. Además, conoce la química de las materias primas y entiende la física de los procesos de transformación. 10. La cocina también es historia. ¿De dónde surgen los restaurantes? La palabra restaurante viene de restauración. La restauración se entendía en Europa como el descanso y la recuperación de fuerzas en algunos lugares que estaban en los caminos. Después de la caída de las grandes monarquías y con el nacimiento de la burguesía, los cocineros de los palacios que se quedaron sin empleo, empezaron a montar sus cocinas donde servían los platos que antes preparaban en la corte y atendían a los ciudadanos como si estuvieran en un palacio. 11. ¿Tendrán algún día el melado, el arequipe, las brevas en dulce, categoría de postres para restaurantes? Ya la tienen. 12. ¿Qué piensan de las comidas naturistas, vegetarianas, sanísimas? No es el género al cual nos dedicamos. Seguramente quienes las practican tienen sus exquisiteces. 13. ¿Cuáles son los enemigos más grandes de la buena mesa? La prisa, la costumbre, la falta de curiosidad y la comida chatarra. 14. ¿En Manila la variedad gastronómica se vuelca a las calles. ¿Cómo funciona este festival? La idea es asociar la cocina con el arte en todas sus manifestaciones, por eso en nuestras fiestas siempre tenemos un festival gastronómico y uno artístico. Hemos usado el Pase del Sabor, que es una tarjeta con tantos desprendibles como restaurantes. El variado menú es una buena muestra de nuestras cartas y un motivo para recorrer toda la calle y a la vez deleitarse con la programación musical y con los artistas plásticos. 15 ¿Cuál sería la mayor aspiración de este grupo del que ustedes hacen parte respecto a la gastronomía en la ciudad? Que todos nuestros restaurantes sean reconocidos por su excelente y variada oferta gastronómica, por su buen servicio, por los festivales artísticos y gastronómicos y por el interés por el mejoramiento de la cultura de la ciudad.