Victor Hugo había dicho que en París bastaba "respirar para conservar viva el alma", pero bien sabía él que incluso en París, o tal vez allí más que en ninguna otra parte, las musas gustan también de manjares menos etéreos. Porque de París, como los niños, nos vino el restaurante, el chef y la crítica gastronómica. Fue allí donde la cocina aprendió a expresarse en clave literaria y la literatura a disfrutar de la elocuencia culinaria, cruzando sus destinos en una auténtica sopa de letras.



viernes, 5 de enero de 2024

 

Un gran banquete literario o cómo sentarse a la mesa con Hemingway, Irène Némirovsky y 50 autores más


El olor a borsch del patio de casa de los Pustaválov, al que se refiere Chéjov en su cuento Querida; el plato de chuletas, patatas asadas y tomate en rodajas que Sam Spade, el detective protagonista de El halcón maltés, come en el John’s Grill de San Francisco, el mismo que frecuentaba su autor Dashiell Hammett; o el laborioso estofado boeuf en daube con el que en Al faro Mrs Ramsay agasaja a sus invitados y se inquieta porque llegan con retraso y aquello amenaza con aguar la velada, según escribe Virginia Woolf, son recreados en todo su esplendor literario y gastronómico en Cocina de autor, recetas para amantes de la lectura (Ladera Norte). “Pensamos este libro como un juego para gente a la que le encanta leer. Pesaron más los libros que la comida, pero también buscamos un equilibrio entre platos de pescado, carne y vegetarianos”, explica al teléfono la escritora Berta Vias Mahou, coautora junto a su esposo Antón Casariego, de este peculiar recetario-antología literaria. Es uno de los primeros títulos de la editorial Ladera Norte, que Casariego ha lanzado con su hermana Sira y el editor Ricardo Cayuela.



Bodas entre cocina y letras —dos de las artes esenciales que han acompañado al ser humano desde el origen y que nos hacen la existencia más amable—, este libro se puede leer con el paladar y saborear con los ojos bien abiertos.

Este libro recoge y glosa «bocados literarios», pequeños fragmentos que se refieren a la comida y citan un plato en especial, que se ilustra con su receta y una fotografía. Recetas actualizadas, con los ingredientes propios de hoy en día, y para ser elaboradas empleando el menaje de cocina corriente. Un conjunto de comidas variadas y apetecibles, cuyos sabores podemos rememorar en nuestra casa y compartirlos con nuestros invitados una vez a la semana durante un año completo. Además de explicar el texto literario seleccionado, en cada escena se aporta una breve información acerca de los detalles que la rodean, para poder revivirla más fielmente. Así, el libro es una jugosa invitación a la lectura.

Entre estos 52 platos encontramos los duelos y quebrantos de El Quijote, el estofado de carne de Al faro, la lubina en salsa de El Gatopardo, el cocido de Los pazos de Ulloa, la pularda al estragón de Anna Karenina, el soufflé de mariscos de Paradiso, las coles rellenas de Ulises, la sopa de pollo de Orgullo y prejuicio, el bacalao con aceite y ajo de El primo Basílio, el cochinillo asado del banquete nupcial de Madame Bovary, el fricasé de pollo y verduras de Jacques el fatalista y su amo, la tortilla de la Emperatriz de Afrodita, el pavo relleno de Los Buddenbrook...

lunes, 1 de enero de 2024

 

UNA ESCRITORA EN LA COCINA

LAURIE COLWIN.
Sinopsis de UNA ESCRITORA EN LA COCINA

«De noche, algunos cuentan ovejas y otros leen novelas de misterio. Yo me tumbo en la cama y me pongo a pensar en comida.» Entretejiendo reflexiones y recuerdos de varias décadas entre fogones y libros junto a sus más infalibles recetas, la novelista Laurie Colwin nos invita a redescubrir el placer de cocinar con alegría y sin complejos. En capítulos como «A solas con una berenjena», «Cenas vomitivas. Mi testimonio» y «Aleta de ternera rellena. Una mala idea», la autora comparte divertidas anécdotas ?cómo preparar pasta en un minúsculo apartamento en el Nueva York de finales de los sesenta, dar de comer a una multitud de estudiantes en huelga u organizar una cena y lidiar con invitados tiquismiquis? y ofrece útiles consejos tanto para neófitos como para entendidos.

Publicado en 1988, este célebre libro, a medio camino entre las memorias y el recetario, es un homenaje a los pequeños placeres de la cocina y al gozo de compartir mesa, un auténtico festín literario que ha conquistado a varias generaciones de lectores. Cercana y honesta, Colwin nos habla como lo haría una buena amiga y nos invita a vivir nuestra relación con la cocina con curiosidad, generosidad y optimismo.


«Colwin escribe con un talento luminoso y un entusiasmo inagotable.» Joyce Carol Oates
«Colwin es como usted y como yo, con un encanto y una falta de pretensiones que la convierten en una grata compañera, maravillosamente humana.» Chicago Tribune
«Así ha de ser la literatura culinaria: divertida, honda, inspiradora, sin alardes.» Nigella Lawson
«Este libro es el compañero perfecto tanto en la mesita de noche como en la cocina.» Mina Holland (The Guardian)

Pensar comer Valeria campos Salvatierra 


Y también, como sugeriamos, el arte más más trascendente, hasta trascendental: un cocinero instruido puede transform tan ingeniosamente las materias primas que puede c crear plat que sean condiciones de posibilidad para nuevas aplicacion estados del arte. Esto es lo que, quizás, comparten ranto Ka como Brillat-Savarin, separados por menos de un siglo de di tancia: una cierta inquietud por lo trascendente y trascend que permite y posibilita hablar de lo que es de nuevas s y origina les maneras. Como dice Brillat-Savarin en otro de sus afam dos aforismos, «Más contribuye a la felicidad del género h mano la invención de una vianda nueva que el descubrimien de un astros," Con ello destaca que en esta intensa instrucción que se requiere para traspasar los límites de lo ya instituidoy convertirse así en esquema de nuevas experiencias, los libros de cocina no pueden serlo todo. Y Brillat-Savarin, entonces, vud ponerse del otro lado de la jerarquía de la ciencia: omando en consideración, a todas luces y en todos sus aspec tos, los placeres de la mesa, desde un principio pude deducir que sobre tal materia faltaban muchas cosas mejores que libros de cocina, y que se podían presentar observaciones importantes acerca de unas funciones tan esenciales, tan continuadas, y que directamente influyen en la salud, en la felicidad de la gente y hasta en todos los negocios de la vida.


Estas idas y vueltas, estos desplazamientos jurídico-semánticos de la cocina a la gastronomía y viceversa, son propios de toda discursividad retórica y son parte constitutiva de lo que Platón consideraba de ella a un peligro. Lo curioso es que un libro como
El de Brillat-Savarin no se ha vuelto a ver en nuestra byoca un con semejantes pretensiones inventivas y con la comple jidad de una escritura que se quiere, si no filosbfica, en todo caso, al menos, epistémica. Esto es, vinculada con la verdad y con la normatividad que de ella se deriva tradicionalmente Lo cierto es que el objeto de esta nueva ciencia así lo requiere, pues la alimentación es-sin dudas-la práctica más fun damental entre las actividades humanas. De este modo, para Brillat-Savarin, la gastronomía gpbierna la vida entera, pues llanto del recién nacido llama al pecho que lo amamanta y el moribundo todavía recibe con cierto placer la pócima suprema que por desgracia ya no puede digerir