Pensar comer Valeria campos Salvatierra
Y también, como sugeriamos, el arte más más trascendente, hasta trascendental: un cocinero instruido puede transform tan ingeniosamente las materias primas que puede c crear plat que sean condiciones de posibilidad para nuevas aplicacion estados del arte. Esto es lo que, quizás, comparten ranto Ka como Brillat-Savarin, separados por menos de un siglo de di tancia: una cierta inquietud por lo trascendente y trascend que permite y posibilita hablar de lo que es de nuevas s y origina les maneras. Como dice Brillat-Savarin en otro de sus afam dos aforismos, «Más contribuye a la felicidad del género h mano la invención de una vianda nueva que el descubrimien de un astros," Con ello destaca que en esta intensa instrucción que se requiere para traspasar los límites de lo ya instituidoy convertirse así en esquema de nuevas experiencias, los libros de cocina no pueden serlo todo. Y Brillat-Savarin, entonces, vud ponerse del otro lado de la jerarquía de la ciencia: omando en consideración, a todas luces y en todos sus aspec tos, los placeres de la mesa, desde un principio pude deducir que sobre tal materia faltaban muchas cosas mejores que libros de cocina, y que se podían presentar observaciones importantes acerca de unas funciones tan esenciales, tan continuadas, y que directamente influyen en la salud, en la felicidad de la gente y hasta en todos los negocios de la vida.
Estas idas y vueltas, estos desplazamientos jurídico-semánticos de la cocina a la gastronomía y viceversa, son propios de toda discursividad retórica y son parte constitutiva de lo que Platón consideraba de ella a un peligro. Lo curioso es que un libro como
El de Brillat-Savarin no se ha vuelto a ver en nuestra byoca un con semejantes pretensiones inventivas y con la comple jidad de una escritura que se quiere, si no filosbfica, en todo caso, al menos, epistémica. Esto es, vinculada con la verdad y con la normatividad que de ella se deriva tradicionalmente Lo cierto es que el objeto de esta nueva ciencia así lo requiere, pues la alimentación es-sin dudas-la práctica más fun damental entre las actividades humanas. De este modo, para Brillat-Savarin, la gastronomía gpbierna la vida entera, pues llanto del recién nacido llama al pecho que lo amamanta y el moribundo todavía recibe con cierto placer la pócima suprema que por desgracia ya no puede digerir

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